MICRORRELATO LGBTQIA: ROJA NAVIDAD
Un misterioso hombre, estaba
frente a la ventana de una pequeña cabaña situada en mitad del campo. Allí,
parado bajo la nieve, observaba a la familia que se encontraba en el interior
de la vivienda. Estos, cantaban y reían celebrando la Navidad, sentados a la
mesa y rodeados de comida, bebida y adornos navideños.
La mirada del hombre se posó sobre
el árbol de navidad que se encontraba en un rincón del salón. Era un abeto
natural y estaba perfectamente adornado, rodeado de luces y bolas de colores, y
coronado en su extremo superior con una brillante estrella dorada.
Una lágrima comenzó a caer por la
mejilla del hombre misterioso. Se secó el rostro con una mano y caminó hasta la
puerta de la cabaña, donde aquella familia perfecta, un matrimonio con sus
hijos gemelos, que debían tener unos diez años, acompañados también por sus abuelos, celebraban la navidad junto al calor de la chimenea.
Se detuvo frente a la puerta de
madera, levantó la mano derecha y llamó con los nudillos.
El padre de familia se levantó de
la mesa y se acercó hasta la entrada. Como estaban esperando al resto de la
familia para celebrar juntos la navidad, abrió sin ni siquiera preguntar.
Observó con curiosidad al extraño
hombre que se encontraba frente a su puerta. No le conocía de nada. Tampoco le
dio tiempo a preguntar quién era. El hombre misterioso levantó el hacha que había
permanecido hasta ahora escondida a su espalda, sujeta en su mano izquierda, y
la dejó caer con todas sus fuerzas sobre la cabeza del confundido padre, que no
tuvo tiempo de reaccionar. La afilada hacha se incrustó en su cráneo,
abriéndose paso hasta su cerebro. Acto seguido, el misterioso intruso empujó el
cuerpo sin vida del hombre dentro de la casa y pasó al interior, cerrando la
puerta tras de sí.
Los gritos de terror y alaridos
de dolor de la familia, se escuchaban desde el exterior de la cabaña, pero
nadie podía oírlos allí, en mitad de la nada.
Pasados unos minutos, los gritos
cesaron.
El más absoluto silencio.
La puerta de la cabaña volvió a
abrirse, y el hombre misterioso que acababa de masacrar a toda una familia en la
noche de Nochebuena, salió de la vivienda con el árbol de navidad que adornaba
el salón en sus manos. Lo arrastró fuera de la casa y lo llevó a través de la
nieve, introduciéndose con él en el bosque. Llegó hasta un claro y dejó el
árbol delicadamente en el suelo. Acto
seguido, se tumbó junto a este, y abrazado a su tronco, comenzó a llorar
desconsoladamente. Pasados unos minutos, se levantó del suelo, se enjugó las lágrimas
y se situó de pie, junto al árbol que descansaba sobre la nieve.
Entonces, las piernas del hombre
comenzaron a crecer, convirtiéndose en raíces y enterrándose en el suelo; su
abdomen se estiró y creció varios metros, convirtiéndose en el grueso y fuerte
tronco de un árbol; sus brazos y su cabeza se alargaron, transformándose en
ramas, de las que crecieron hojas verdes y finas como agujas. Creció y creció,
hasta convertirse en un verde, frondoso y bonito abeto. Otro árbol más de aquel
espeso bosque.
Y es que cuenta la leyenda, que
en aquel bosque existía una maldición.
Hace siglos, dos hombres fueron
encontrados retozando en las caballerizas de una vieja granja, algo
completamente prohibido en aquella época y en aquel reino. Como castigo, fueron
arrastrados al bosque y hechizados, condenados a vivir eternamente en aquella
arboleda, convertidos en dos árboles más del lugar.
Pero las maldiciones no son
perfectas, y esta, como todas, tenía una brecha que permitía romperla.
Una vez al año, en la víspera de Navidad,
los dos hombres podían volver a ser humanos y se les permitía reencontrarse de
nuevo. Un reencuentro lleno de pasión, donde ambos daban rienda suelta a su
amor.
Al acabar el día, ambos volvían a
convertirse en abetos.
Excepto el año en que aquella
perfecta y feliz familia había decidido talar un árbol para decorar su salón en
Navidad, con tan mala suerte, que el árbol elegido había resultado ser uno de
los amantes.
A partir de aquel día, cambió la
leyenda, que ahora relata que cada Navidad, el amante superviviente, lleno de rabia,
persigue y asesina como venganza a todos aquellos que se atreven a talar un
árbol de ese bosque.
Sabe que eso no le va a devolver
a su amado, pero le ayuda a calmar su dolor. El dolor de aquella roja navidad.
FIN
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