RELATO GAY. NO ES MOMENTO PARA EL AMOR. CAPÍTULO 4: AMOR ESFUMADO
Me siento muy triste.
Llevo tres días viniendo al banco
del parque y Jorge no ha aparecido por aquí.
Desde la mañana en que salió
huyendo, no he vuelto a verle.
¿Le habré espantado con mi beso?
Quizá no debí besarle de aquella
manera tan brusca e inesperada. Seguramente interpreté mal sus señales y él no
estaba interesado en mí.
Probablemente no vuelva a verle.
Es una pena, porque me estaba empezando a gustar de verdad.
Hoy he estado un par de horas
esperándole, igual que ayer e igual que antes de ayer, pero estoy
empezando a perder la esperanza. Puede que nunca más regrese al parque.
Me levanto del banco y me marcho.
Mañana regresaré de nuevo a mi lugar de pensamiento y relajación a esperar su
llegada. Aunque últimamente de relajación más bien nada. Cada vez que me marcho
del estanque, lo hago más estresado por todo lo que está pasando con Jorge.
Al día siguiente, este tampoco
aparece. Al otro, tampoco. Una semana después, lo mismo. No aparece por allí.
Ya me he hecho a la idea de que no volverá. Así es la vida. Hay que asumir las
derrotas y seguir adelante.
* * *
Hoy, una semana y tres días más
tarde desde la desbandada de Jorge, regreso al banco como siempre. Atravieso el
parque cabizbajo, y cuando estoy llegando al estanque levanto la cabeza para
observar cómo los patos nadan y juguetean en el agua. ¡Que felices son con tan
poco! Esa es la verdadera felicidad.
Me giro hacia el banco, y cuál es
mi sorpresa cuando veo a Jorge allí sentado. Cuando menos esperaba su llegada,
allí está, frente a mí, mirándome con cara de tristeza.
Camino hasta él y me siento a su
lado.
-Hola- saludo- cuanto tiempo.
-Hola, siento no haber aparecido
por aquí desde aquel día…- comienza a decir- He estado muy ocupado y me ha
resultado imposible venir. De hecho, tengo mucha prisa y debo marcharme
enseguida. Solo he venido porque necesitaba verte.
-¿Y eso?- pregunto, todavía un
poco sorprendido y confundido.
-Me gustaría que quedáramos para
hablar, conocernos un poco mejor, tomar algo… en otro lugar que no sea este
banco- indica Jorge tímidamente- Un lugar más tranquilo e íntimo.
-¿Me estás pidiendo una cita?-
pregunto mientras le miro desconcertado.
-Eso es, te estoy pidiendo una
cita- responde Jorge mientras respira aliviado- ¿Qué me dices?
Permanezco callado durante unos
segundos.
-¡Claro que sí!- contesto
finalmente- Me parece estupendo.
-¡Genial! Pues nos vemos mañana
aquí, a la misma hora de siempre, y nos vamos a desayunar a un sitio estupendo
que conozco. Te va a encantar.
-Eso está hecho- digo sonriendo.
-Bien, pues mañana nos vemos-
dice Jorge, también con una enorme sonrisa reflejada en el rostro.
Tras decir esto, me estampa un
beso en los labios.
Después, se levanta y se marcha.
-Hasta mañana- dice mientras se
va.
-Hasta mañana- respondo mientras
observo embelesado como mi amor esfumado y luego reaparecido, camina por el sendero de arena que lleva hasta la
salida del parque.
En la distancia, puedo ver cómo
mientras Jorge se aleja, una mujer se acerca a él y le agarra por el brazo,
como si le conociera. Ambos comienzan a charlar, aunque no alcanzo a escuchar
lo que dicen ni puedo leer sus labios desde donde estoy. La señora, parece
tener unos cincuenta años. Su cabello es canoso y tiene algo de sobrepeso. Tras
unos segundos conversando con la extraña mujer, Jorge parece marcharse algo alterado.
¿De que habrá estado hablando con
ella? ¿Qué quería esa mujer?
* * *
-Hola, eres Jorge, ¿verdad? -
pregunta la mujer que se ha acercado al muchacho.
-No, lo siento, creo que me está
confundiendo con otra persona- responde Jorge con actitud nerviosa.
-Siento mucho lo que sucedió- continúa
diciendo la señora- fue una tragedia lo que…
-Le digo que se está equivocando
de persona- responde el joven un poco irritado.
-Si, claro que eres Jorge-
insiste la señora- eres el hijo de…
-¡Ya le he dicho que no, señora!-
exclama Jorge bruscamente, cortando la conversación.
Después, se marcha, dejando a la
mujer con la palabra en la boca. Esta le observa estupefacta mientras el joven
se aleja. No entiende porque el muchacho ha actuado de aquella manera, pero está
completamente segura de que le conoce. Acto seguido, la señora también se
marcha, completamente ofendida, preguntándose porque el chico ha sido tan
maleducado con ella.
CONTINUARÁ...
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