RELATO GAY. EL INQUILINO DE ARRIBA. CAPÍTULO 6: DESAPARECIDO
David estaba aterrorizado. No entendía
nada de lo que estaba ocurriendo. No había explicación para todo aquello.
Eduardo parecía haber desaparecido como por arte de magia.
Las lágrimas empapaban sus mejillas. No había parado de llorar desde que había salido de aquel siniestro apartamento. Tenía los ojos doloridos y enrojecidos.
Estaba sentado en el sofá de su piso, mirando fijamente la pared que tenía enfrente.
Ya había pasado un día entero y no había tenido noticias de su novio. No había dado señales de vida.
Tras la desaparición de su chico, había llamado a la policía. Dos agentes se habían personado en el misterioso piso. Lo habían recorrido y habían inspeccionado cada uno de sus rincones. No habían encontrado indicios de que allí estuviera viviendo alguien, ni tampoco ningún rastro de que hubiera habido alguna pelea o forcejeo. Los agentes hablaron con el dueño del apartamento, y este les dijo que últimamente no había alquilado el piso a nadie, es más, el apartamento llevaba más de un año vacío, no lo había alquilado porque estaba tratando de venderlo. David les explicó lo de los extraños ruidos que provenían del piso y les mostró la grieta que se había abierto en el techo debido a los golpes. No le creyeron. Llegaron a la conclusión de que Eduardo se podría haber marchado por su propia voluntad. Aun así, le dijeron que investigarían el caso si pasadas setenta y dos horas Eduardo no había dado señales de vida.
Las lágrimas empapaban sus mejillas. No había parado de llorar desde que había salido de aquel siniestro apartamento. Tenía los ojos doloridos y enrojecidos.
Estaba sentado en el sofá de su piso, mirando fijamente la pared que tenía enfrente.
Ya había pasado un día entero y no había tenido noticias de su novio. No había dado señales de vida.
Tras la desaparición de su chico, había llamado a la policía. Dos agentes se habían personado en el misterioso piso. Lo habían recorrido y habían inspeccionado cada uno de sus rincones. No habían encontrado indicios de que allí estuviera viviendo alguien, ni tampoco ningún rastro de que hubiera habido alguna pelea o forcejeo. Los agentes hablaron con el dueño del apartamento, y este les dijo que últimamente no había alquilado el piso a nadie, es más, el apartamento llevaba más de un año vacío, no lo había alquilado porque estaba tratando de venderlo. David les explicó lo de los extraños ruidos que provenían del piso y les mostró la grieta que se había abierto en el techo debido a los golpes. No le creyeron. Llegaron a la conclusión de que Eduardo se podría haber marchado por su propia voluntad. Aun así, le dijeron que investigarían el caso si pasadas setenta y dos horas Eduardo no había dado señales de vida.
¿Setenta y dos horas?
Si Eduardo corría peligro quizá
tras setenta y dos horas ya fuese demasiado tarde.
Los agentes habían pensado que
David actuaba como un loco celoso al que su novio había abandonado. Lo notaba
en sus caras. No le habían tomado en serio.
Con la policía no podía contar, así que recurrió a su última opción. Llamó a la prensa.
Con la policía no podía contar, así que recurrió a su última opción. Llamó a la prensa.
Solo una cadena de televisión se
interesó por su historia. Enviaron a una reportera y a un cámara. Estos le
entrevistaron e hicieron un millón de preguntas. Cuando terminaron de hablar con él, le dijeron que emitirían la
entrevista en las noticias del mediodía.
David miró el reloj de pared que se encontraba junto a la entrada. Ya casi era la hora de la emisión. Alargó el brazo hasta le mesita que
se encontraba frente al sofá y tomó en su mano el mando a distancia de la tele,
que descansaba sobre ella. Encendió el televisor y buscó el canal cuatro,
donde iban a emitir su entrevista. En ese momento la presentadora estaba
informando sobre un incendio ocurrido en una vivienda. Tras un par de minutos comenzó a
hablar de la desaparición de Eduardo.
Allí estaba David, respondiendo a
las preguntas de la reportera y contando su historia. Relatando la extraña
desaparición de su chico y contando como su extraño vecino se había mudado en
mitad de la noche. Describiendo los extraños ruidos que provenían de su
vivienda y explicando que la última vez que había visto a su novio fue cuando este había subido de madrugada y completamente encolerizado a decirle al misterioso vecino que dejase de hacer
ruido. El cámara mostró la grieta que se había abierto en el techo
debido a los golpes. Después apareció en pantalla la fotografía de Eduardo, que
David había entregado a los reporteros para que la mostraran en el programa,
con la esperanza de que si alguien le reconocía pudiera dar alguna pista sobre
su paradero. La presentadora despidió la noticia diciendo que próximamente
seguirían informando sobre aquella misteriosa desaparición, y lanzó una
pregunta: ¿Habría sido realmente una desaparición misteriosa o el desaparecido
se habría marchado por propia voluntad? Después pasó al siguiente caso. Se
trataba de una pelea en un bar de carretera.
David apagó el televisor.
Esperaba que aquello sirviera de algo. Quizá para presionar a la policía y que
iniciase la búsqueda de Eduardo lo antes posible al haberse hecho pública la
noticia.
Dejó el mando a distancia sobre
la mesa y se tumbó en el sofá. Permaneció en silencio, mirando al techo. No
tenia ganas de hacer nada. No podía dejar de pensar en su chico. Estaba muy
preocupado. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando hasta que se quedó dormido,
agotado tras haber pasado toda la noche en vela.
* * *
El timbre de la puerta despertó a
David. Miró el reloj de la entrada. Eran las diez de la noche. Había dormido durante más de
ocho horas.
El timbre volvió a sonar.
Se levantó del sofá, todavía
adormilado, y se dirigió hacia la puerta con paso ligero. Tenía la esperanza de que fuese Eduardo quien llamaba al timbre. Que regresaba a casa y que por fin aquella pesadilla acabaría. Se paró frente a la entrada y abrió la puerta rápidamente.
Se llevó una gran decepción cuando vio que quien se encontraba tras la puerta no era Eduardo. Era un hombre de mediana edad, moreno, con gafas y con una poblada y espesa barba. Vestía con traje y corbata, y tenía aspecto de profesor de instituto.
Se llevó una gran decepción cuando vio que quien se encontraba tras la puerta no era Eduardo. Era un hombre de mediana edad, moreno, con gafas y con una poblada y espesa barba. Vestía con traje y corbata, y tenía aspecto de profesor de instituto.
-¿Quién es usted?- preguntó David
mirando de arriba a abajo al hombre que se encontraba en el umbral de su puerta.
-Me llamo Samuel- se presentó
este- He visto tu entrevista en las noticias. Yo sé lo que le ha pasado a tu
novio y puedo ayudarte a encontrarlo.
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