RELATO GAY. SCARY REAL STORY. CAPÍTULO 2: ¡AYUDA, POLICÍA!
En las
películas de terror siempre sucede lo mismo. Se escucha un ruido en la planta
de arriba y la víctima sube para comprobar que ocurre, dándole igual el peligro
que pueda correr. El asesino llama por teléfono y la víctima mantiene una larga
conversación con él, escuchando sus amenazas de muerte, en lugar de colgar y
correr como alma que lleva el diablo hasta un lugar seguro. Hay un asesino
suelto y en lugar de refugiarse en casa con un arma en la mano para defenderse,
las víctimas montan una fiesta en el lugar mas apartado de la civilización.
En la vida real
las cosas son muy diferentes. Nada esta calculado ni es previsible como en una
película. En la vida real cualquier cosa puede ocurrir. Las situaciones son
imprevisibles. Nadie esta a salvo y todo el mundo puede morir, incluso el
protagonista.
Yo, Diego,
estuve a punto de morir, pero decidí sobrevivir. Decidí luchar con todas mis
fuerzas, y gracias a eso, ahora puedo contar esta historia. Mi historia.
* * *
Pedro despertó
con el sonido del teléfono móvil. Alargó el brazo hasta la mesita de noche,
donde se encontraba el aparato, y lo tomó en su mano justo cuando este dejaba
de sonar. Miró la hora. Eran las nueve de la mañana.
¿Quién sería el
pesado que osaba molestarle a esas horas?
Miró el buzón
de llamadas. Tenía veinte llamadas perdidas de su amiga Marta y también cuatro
mensajes de texto. Abrió la bandeja de los mensajes y los leyó uno a uno. El último
le dejó bastante intrigado y preocupado:
“HA OCURRIDO
ALGO TERRIBLE. HEMOS QUEDADO TODOS A LAS 10 EN CASA DE LEONARDO. ES MUY IMPORTANTE.
NOS VEMOS ALLÍ”.
Pedro saltó de
la cama y se dirigió al cuarto de baño para asearse. Debía darse prisa ya
que tenía menos de una hora para llegar a la cita.
* * *
Allí estaban
todos: Pedro y su novio Ismael, Leonardo, Marta y Diego.
-¿Pero entonces
ha sido asesinado?- pregunto Pedro sollozando-¿Cómo ha podido ocurrir una cosa así?
Ismael le agarró
la mano.
-¿Quién querría
hacer daño a Carlos? No tenía ningún enemigo- preguntó Leonardo- Me siento
culpable. Recibí una llamada suya y no respondí al teléfono. Estaba enfadado
porque llegaba tarde a nuestra cita.
Leonardo tenía
el rostro pálido y los ojos enrojecidos de tanto llorar. Su cabello rubio
estaba despeinado, ya que no había tenido ganas de arreglarse para la reunión
con sus amigos después de aquella terrible tragedia. Se secó las lágrimas, se sonó
la nariz y se colocó las gafas que se le habían descolocado al limpiarse.
Pedro e Ismael
se abrazaron mientras ambos rompían a llorar. Hacían una bonita pareja. Los dos
eran altos, morenos, guapos, atléticos y se llevaban estupendamente. Marta los
miró con rencor. Pedro fue su novio en el pasado, hasta que aceptó su
homosexualidad y la dejó por Ismael. Ella todavía no lo había superado, pero
intentaba llevarse bien con ambos para conservar su amistad.
-No lo puedo
creer- dijo Leonardo. Sus ojos azules estaban enrojecidos e hinchados debido a
las lágrimas. Aun no se había hecho a la idea de no volver a ver a Carlos nunca
más.
-No saben quien
ha sido. Ni en el hacha ni en el coche había ninguna huella dactilar- explicó
Marta mientras se retiraba el cabello pelirrojo de la cara. Tenía una preciosa
y abundante melena rizada que le costaba bastante dominar. Las pequeñas pecas
que tenía en sus mejillas le daban un aspecto juvenil, lo que le hacía
aparentar menos años de los que tenía.
-Parece una
película de terror- dijo Diego mientras se peinaba con la mano su cabello
castaño y rizado. Diego era el cerebrito del grupo. Solía llevar gafas, pero
desde hacía unos meses había decidido ponerse lentillas. Estaba harto de tener
ese aspecto de friki que le había costado tantas burlas en su etapa de
instituto y había decidido cambiar de look. Ahora, después de quitarse las
gafas y cambiar su manera de vestir y de peinarse, había adquirido un aspecto más
moderno y desenfadado.
-Pero no es una
película de terror- respondió Ismael muy enfadado dejando de abrazar a Pedro-
No es una de esas estúpidas películas de terror que tanto te gustan. Esto es la
vida real y nuestro amigo está muerto.
Diego agachó la
cabeza avergonzado.
-Sabes que
estamos aquí para lo que necesites- dijo Marta agarrando con cariño la mano de
Leonardo.
-Gracias
chicos, pero ahora lo que necesito es estar solo- pidió Leonardo mientras le
devolvía el cariñoso apretón de manos a Marta.
-Claro, lo entendemos-
señaló Pedro.
-Os agradezco
mucho que hayáis venido- indicó Leonardo mientras las lágrimas volvían a caer
por sus mejillas.
-¡Espero que
encuentren al cabrón que le ha hecho esto a Carlos!- exclamó Ismael enfadado.
-Eso espero yo también-
respondió Leonardo.
-Nos vamos,
pero si necesitas algo no dudes en llamarnos- señaló Marta dándole un beso de
despedida.
Acto seguido,
todos se despidieron de Leonardo y abandonaron su casa muy apenados.
Leonardo se quedó
allí parado, de pie, en aquella casa tan vacía sin Carlos. No sabía si sería
capaz de acostumbrarse a su ausencia.
No sabía si sería capaz.
No sabía si sería capaz.
* * *
Leonardo se
despertó y miró el reloj que se encontraba a su lado, en la mesita de noche.
Eran las dos de la madrugada. Tenía los ojos irritados. Se había quedado
dormido agotado de tanto llorar. Se levantó de la cama y se dirigió hasta la
cocina. Cogió un vaso del armario que se encontraba sobre el fregadero y lo
puso debajo del grifo. Giró la llave y lo llenó de agua. Se lo bebió de un solo
trago e introdujo el vaso en el fregadero. Se encaminó de nuevo hacia el
dormitorio para seguir durmiendo, cuando de repente escuchó como algo se rompía
en alguna parte de la casa. Caminó hacia el lugar de donde provenía el ruido.
Entonces se escuchó un gran estruendo. El ruido provenía del sótano, ahora
estaba seguro. Se paró frente a la puerta de este y volvió a escuchar aquel ruido.
Era como si alguien estuviera revolviéndolo todo. Agarró el pomo de la puerta y
comenzó a girarlo, pero entonces se detuvo. Había visto demasiadas películas de
terror como para saber que aquello no era buena idea. Soltó el pomo y caminó
hasta la mesa del salón. Sobre ella estaba su teléfono móvil. Lo cogió y salió
rápidamente de la casa. Una vez que estuvo en el jardín, marcó el número de teléfono
de la policía. Tras varios tonos, se escuchó la voz de un agente al otro lado
de la línea.
-¡Por favor,
envíen a alguien!-rogó Leonardo- Hay un intruso en mi casa.
Tras darle la
dirección al agente, este le aseguró que enviarían una patrulla enseguida.
Leonardo se quedó
allí de pie en el jardín, en la oscuridad de la noche, rezando porque el
intruso no saliese de la casa hasta que llegara la policía.
Diez minutos
mas tarde un agente apareció al final de la calle, corrió hasta donde se
encontraba Leonardo y se puso el dedo índice en los labios indicándole que
guardara silencio.
-He dejado el
coche patrulla en la calle contigua para no alertar al intruso. ¿Dónde se
encuentra? ¿Sigue en el interior de la vivienda? - preguntó el policía
susurrando.
- Sigue dentro-
asintió Leonardo- y el ruido provenía del sótano.
-Bien,
indíqueme donde se encuentra el sótano- dijo el policía señalando la casa.
Leonardo caminó
delante del agente indicándole el camino. Al llegar al porche de la casa sintió
una punzada en el cuello. Llevó su mano hasta el lugar de donde provenía el
dolor. Tenía un cuchillo clavado en el cuello. Miró su mano. Estaba cubierta de
sangre. Se giró hacia el agente de policía. Este reía a carcajadas mientras observaba
como la sangre manaba a borbotones del cuello de Leonardo. El policía le había
apuñalado. Leonardo comenzó a sentirse mareado debido a la pérdida de sangre. Se
agarró al agente para no caer al suelo y pudo ver más de cerca la placa que este
llevaba colgada en el pecho. Entonces pudo comprobar que la placa era falsa.
Estaba muy bien hecha, pero a esa distancia tan corta se notaba a la perfección
que era de plástico. Aquel no era un policía de verdad. Llevaba puesto un disfraz.
El falso agente empujó a Leonardo, que cayó sobre el suelo de madera del
porche. La sangre no paraba de manar de su cuello y él se sentía cada vez mas débil.
El impostor salió huyendo al ver las luces del verdadero coche patrulla que se
aproximaba a la casa. Mientras, el cuerpo sin vida de Leonardo permanecía en el suelo
del porche, sobre un enorme charco de sangre que no paraba de crecer más y más.
CONTINUARÁ...
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Quién es Alfredo???
ResponderEliminarLo siento... Un error... Ya está corregido: Esa frase es de Leonardo
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