RELATO GAY. LA TRISTE VIDA DE UN CHAPERO. CAPÍTULO 5: CUANDO LA VERDAD SALE A LA LUZ LOS COBARDES HUYEN
La enfermera salió de la habitación
y Henry se quedó allí tumbado esperando a que Alfonso volviera a entrar. Esperó y esperó, pero los minutos pasaban y este no aparecía. Pasada una hora se empezó
a preocupar. Se preguntaba porque tardaba tanto. Pensó que quizá había ido a
comer algo a la cafetería del hospital. Estaba agotado, así que mientras
esperaba, Henry se fue quedando dormido. Intentó resistirse, pero el cansancio pudo
con él, y al final cayó en un profundo sueño.
* * *
Dos horas más tarde Henry despertó
desorientado. Al principio ni siquiera recordaba que estaba en el hospital. Se
encontraba en ese punto intermedio entre el sueño y la realidad. Poco a poco
fue recuperando la consciencia y recordó que estaba ingresado y que Alfonso había
ido a visitarle. ¿Pero dónde se había metido este? Había pasado demasiado tiempo
como para que Alfonso hubiera ido a la cafetería a comer algo. Algo debía haber
ocurrido. Estiró el brazo hasta la mesita de noche que se encontraba al lado de
su cama y abrió el cajón de esta. Sacó su teléfono móvil y buscó en la agenda
el número de Alfonso. Pulsó el botón de llamada y escuchó varios tonos a través
del auricular. Alfonso no descolgó. Todo aquello era muy raro. Marcó de nuevo y
volvió a ocurrir lo mismo. Guardó el teléfono de nuevo en el cajón y se tumbó mirando al techo. Pensó que seguramente Alfonso le llamaría
cuando viese sus llamadas perdidas.
* * *
Pero Alfonso no llamó. Pasó una
semana y no dio señales de vida. Henry le volvió a llamar en varias ocasiones,
pero este nunca respondió al teléfono. Al final Henry desistió y dejó de
llamarle. Alfonso le había abandonado, como había hecho todo el mundo a lo
largo de su vida. Le dolía, pero ya estaba acostumbrado. Se había llevado
tantas decepciones que una más no iba a afectarle demasiado. Si Alfonso había desaparecido
sin dar explicaciones era que en realidad no merecía tanto la pena.
Ahora lo que más le preocupaba
era lo que iba a hacer cuando saliera del hospital. En un par de días le darían
el alta y no sabía cómo iba a arreglárselas solo. Por no hablar del dinero. En
su estado no podía trabajar, ya que todavía no estaba totalmente recuperado. ¿Cómo
pagaría el alquiler y la comida? Estaba harto de su vida. Los problemas se sucedían
uno detrás de otro y parecía que no tenían fin.
En ese momento alguien entró en la
habitación. Henry volvió esperanzado la cabeza hacia la puerta pensando que encontraría
allí a Alfonso, pero no era él. Quien había entrado en el cuarto era un
enfermero del hospital. Nunca había visto a aquel chico. Si le hubiera visto se
acordaría. Era guapo, moreno, con ojos verdes y unos labios de esos que te apetecería
morder y no soltar nunca. El joven enfermero se acercó hasta Henry.
-¿Qué tal te encuentras hoy?- le
preguntó.
-Ya me encuentro bastante mejor- respondió
Henry.
-Me llamo Manuel y este mes estoy
en esta planta, así que seré tu nuevo enfermero- se presentó.
-Yo me llamo Henry- dijo este-
encantado.
-Lo mismo digo- respondió Manuel.
-Pero no serás mi enfermero por
mucho tiempo- señaló Henry- en un par de días me dan el alta.
-Ya, de eso quería hablarte- dijo
Manuel poniéndose un poco nervioso- he visto tu perfil.
Henry se puso tenso y comenzó a
sudar por todo el cuerpo.
-¿Qué perfil?- preguntó alterado.
-Ya sabes a que perfil me refiero
- respondió Manuel- se a lo que te dedicas. Solo quería decirte que se lo duro
que es hacer lo que tú haces y que puedo prestarte mi ayuda.
-¿Qué quieres decir?- preguntó
Henry.
-Pues que cuando te den el alta,
si quieres puedes venir a mi casa. Tengo sitio de sobra y así podrás
recuperarte del todo sin problemas, ya que tendrás a un enfermero disponible
para ti solo.
Henry se quedó sin palabras. No sabía
que responder a aquella proposición.
-Bueno, no hace falta que me
respondas ahora- indicó Manuel- piénsatelo y ya me dirás lo que has decidido.
Voy a por el carro de curas para echar un vistazo a tus lesiones. Vuelvo
enseguida.
Manuel salió de la habitación y
Henry se quedó allí totalmente desconcertado. ¿Qué acababa de pasar? Un
completo desconocido acababa de ofrecerle su ayuda. Parecía buen chico, pero su
experiencia le decía que no debía fiarse de la gente ya que a veces las
apariencias engañan.
¿Qué debía hacer?
La verdad es que no estaba en
condiciones de vivir solo, ¿pero tan desesperado estaba como para confiar en un
completo extraño?
¿Debía aceptar la oferta o sería
mejor rechazarla?
CONTINUARÁ...
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