THE WALKING GAY- TEMPORADA 2. CAP.5: LA MUERTE ESTA EN TODAS PARTES
El alcalde Pazos dejó los documentos que estaba revisando
sobre la mesa. Tenía los ojos enrojecidos y estaba cansado. No tenía mucho
sentido revisar aquellos documentos si el mundo se había ido a la mierda pero
aun guardaba una pequeña esperanza de que aquella situación se pudiera
solucionar. Se levantó de la silla y caminó hasta la puerta de su despacho.
Apagó la luz y salió por ella. Se encaminó hasta la salida del edificio pero
antes de cruzar la puerta decidió subir a la habitación del piso superior para
informar a Rubén sobre la hora a la que iba a llegar el relevo, y ya de paso
comprobar que no se hubiera dormido. Subió las escaleras y una vez llegó ante
la puerta del cuarto la abrió lentamente para que, en el caso de que Rubén
estuviera durmiendo pillarle infraganti. Pero lo que allí descubrió le dejo sin
habla. Había sangre por todas partes y Rubén estaba en el suelo o más bien lo
que quedaba de él. Sacó la pistola que
guardaba en la cintura del pantalón y entró en la habitación. Gonzalo estaba
tras la puerta y le agarró la pierna, el alcalde Pazos resbalo con la sangre y
cayó al suelo. Soltó un grito debido al dolor del golpe de su espalda contra el
duro suelo. Gonzalo se abalanzo sobre el pero el alcalde le propinó dos disparos
en el estómago y le lanzó de una patada al otro lado de la habitación. Pazos
aprovechó para levantarse torpemente debido a la resbaladiza sangre que cubría
todo el suelo y corrió fuera de la habitación. Bajó las escaleras a toda prisa
y salió fuera del edificio. Allí se encontró con Sergio y Antonio que habían acudido
al oír el grito y los disparos.
-¿Qué ha sucedido?- pregunto Sergio- íbamos camino a casa
cuando hemos escuchado los disparos.
-El niño estaba infectado- le respondió el alcalde
balbuceando ya que estaba sin aliento, necesitó un minuto para calmarse un poco
y poder continuar hablando- debimos encerrarle en una celda como a los demás,
no debimos confiarnos. Bajamos la guardia al ser solamente un niño pero debimos
actuar como con el resto. Ha matado a Rubén, está ahí dentro- dijo señalando la
puerta del edificio.
Sergio y Antonio sacaron sus pistolas y se encaminaron hacia
la entrada. Entraron lentamente, subieron las escaleras con cuidado hasta
llegar a la habitación, se adentraron en ella con cautela pero lo único que
encontraron allí fue la sangre que cubría todo el suelo. No había rastro del
niño ni de Rubén.
-¡Joder!- exclamó Antonio- tenemos dos infectados sueltos
por ahí.
-No han podido ir muy lejos- le dijo Sergio- deben estar
dentro del edificio.
Comenzaron a bajar las escaleras y entonces repararon en
algo que debido a los nervios no habían visto antes. Había un rastro de sangre
que recorría toda la escalera y continuaba más allá, por el largo pasillo que
atravesaba el edificio. Lo siguieron hasta llegar a la puerta de atrás. Los
infectados habían escapado por allí.
Daniel, Fran y Alfredo comenzaron a revolverse en la celda.
-¿Qué ha pasado?- pregunto Daniel- Déjanos salir de la
celda, se han oído disparos. Seguro que algo va mal.
Guillermo se levantó del suelo y miro asustado a los tres
detenidos. No sabía qué hacer.
-Es mejor que vaya a ver lo que ha sucedido- les dijo- no os
puedo dejar salir.
-Se ha oído un grito- le dijo Alfredo- ¿Tu qué crees que ha pasado?
Está volviendo a ocurrir, creíais que por estar en una isla la infección se podría
controlar pero estabais equivocados. La muerte está en todas partes.
Guillermo fue hacia la mesa y cogió las llaves de la celda.
Las miro un segundo dudando y después camino hacia la puerta para liberar a
Daniel y los demás.
-Gracias por sacarnos de aquí- le dijo Fran.
-Os dejo salir porque estoy seguro de que no estáis
infectados- les aclaró- yo he visto como actúa la infección y el cambio no
tarda tanto en producirse. Además si estuvierais contagiados deberíais tener
fiebre o algún síntoma y parecéis estar sanos.
La puerta se abrió y Daniel, Fran y Alfredo salieron de la
celda a toda prisa.
-Salgamos de aquí- dijo Daniel.
Todos corrieron hacia el exterior de la comisaria. Hacia
frio fuera y Daniel comenzó a temblar. Fran le abrazo para hacer que entrara en
calor y le beso en los labios.
-Tranquilo- le susurro- estamos juntos, no va a pasar nada.
Caminaron hacia el edificio de donde parecía que provenían los
disparos, pero en ese momento vieron algo acurrucado al lado de un árbol.
Cuando se acercaron un poco más descubrieron que era Gonzalo, parecía que
estaba agachado y llorando.
-Es el niño que viajaba con vosotros- dijo Guillermo.
¿Estás bien Gonzalo?- preguntó Daniel- No te preocupes, ya
estamos aquí contigo.
Daniel caminó hacia Gonzalo con intención de abrazarle, sin
saber que aquello que estaba acurrucado entre las sombras ya no era Gonzalo, ni
el peligro que corría.
CONTINUARA...

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