THE WALKING GAY- CAPITULO 2: LA HUIDA

Daniel permaneció alli sentado en el suelo de la celda con la camiseta destrozada un buen rato, pensando en cómo conseguir las llaves que el agente de policía tenía colgadas en el cinturón. Mientras el agente enloquecido golpeaba los barrotes  e introducía los brazos entre ellos intentando alcanzar a Daniel.
Entonces Daniel reparó en algo que el susto y los nervios no le habían dejado ver. En el lado derecho, en una funda colgada también del cinturón, el policía tenía su arma. Tenía que conseguir coger aquella pistola. Rápidamente se le ocurrió una idea.

Se tumbó en el suelo boca abajo y se arrastró por el suelo de la celda hasta quedar a la altura de las piernas del policía.  Agarró sus pies y cuando este se movió para intentar liberarse y agarrar a Daniel perdió el equilibrio y cayó al suelo. En ese momento Daniel aprovechó para desabrochar la funda de la pistola y coger el arma. El policía estuvo a punto de agarrar el brazo de Daniel pero este fue más rápido y enseguida se arrastró por el suelo hasta el centro de la celda. Permaneció allí sentado y se dio cuenta de que el policía tenía varias heridas de bala en la espalda. Todo aquello era muy raro. ¿Qué era lo que estaba pasando?
El poli intentaba levantarse pero no lo conseguía. Daniel levantó el arma y apuntó con ella al corazón del policía. Se dijo a si mismo  que tenía que hacerlo. Eso que estaba fuera de la celda ya no era humano o tal vez el policía había contraído alguna especie de virus. Disparó el arma y el policía  quedo boca arriba inmóvil en el suelo. Pero enseguida comenzó a moverse de nuevo. Daniel no podía creerlo. Le había disparado en el corazón y seguía vivo. Entonces apuntó a su cabeza y volvió a disparar. La sangre salpico las paredes y Daniel soltó el arma que cayó al suelo a su lado. Esta vez el poli no volvió a moverse.

Daniel se acercó lentamente y metió el brazo entre los barrotes para coger las llaves, con miedo de que el agente se volviera a levantar. Una vez que tuvo las llaves en sus manos volvió a introducir los brazos rápidamente dentro de la celda.  Aquel tipo no se movió, estaba completamente muerto.  Daniel se levantó, saco la mano por los barrotes sujetando bien las llaves y fue introduciéndolas en la cerradura una a una hasta que por fin encontró la que abría su celda. Salió de ella y subió las escaleras a toda prisa hacia la planta de arriba de la comisaria. Estaba desierta, la gente había desaparecido. Lo primero que hizo fue buscar un teléfono para llamar a Fran, su chico. Vio uno sobre uno de los escritorios, descolgó y lo acercó a su oreja, pero para su desgracia no funcionaba. Lo arrojó contra el suelo con rabia.
Dio una vuelta por la comisaria y encontró un cajetín con llaves en su interior. Eran las llaves de los vehículos policiales. Cogería uno de esos coches para ir a su casa y encontrarse allí con Fran. Cogió una de las llaves y se  fijó en que tenía un llavero donde estaba escrita la matrícula del coche. Solo tenía que salir al aparcamiento y buscarlo. Atravesó la puerta que daba a la calle y lo que allí se encontró le dejo sin habla. Todo estaba destrozado, había coches estrellados, contenedores incendiados y varios cuerpos tirados en el suelo.

Corrió hacia la parte de atrás de la comisaria, que era donde estaba el aparcamiento. Fue mirando las matriculas de los coches una a una hasta dar con la que coincidía con las llaves. Tardó un buen rato pero por fin la encontró. Se subió al vehículo, arrancó y salió del aparcamiento hacia la calle principal. Respiró aliviado ya que por fin había salido de allí. Giró a la derecha en la primera calle y entonces el coche se paró en seco. Intentó volver a arrancar pero no lo consiguió.  Apoyó la cabeza en el volante. Aquella situación empezaba a superarle. Al volver a levantar la cabeza vio que varias personas se acercaban caminando hacia a su coche. Eran dos hombres y una mujer.  Daniel salió del vehículo para pedir ayuda.

-Socorro- grito- ¿pueden ayudarme? Ha habido un accidente en la comisaria y algo raro está pasando.

La mujer y los dos hombres  siguieron caminado sin contestar. Pero cuando estuvieron mas cerca Daniel pudo ver que tenían los ojos enrojecidos y la misma expresión en la cara que el poli. Corrió hacia el coche y se metió en el. La mujer llego hasta el vehículo y comenzó a golpear la ventanilla del lado del conductor. Daniel la miró y se fijó en que tenía un corte en el cuello y la camiseta cubierta de sangre. Los dos hombres comenzaron a golpear la ventanilla del otro lado del vehículo. Daniel estaba atrapado en el coche y encima había dejado el arma olvidada en el suelo de la celda. Estaba aterrorizado y vio que del otro lado de la calle venían más de aquellos zombies, una veintena por lo menos, caminando hacia su coche.

CONTINUARA...



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